
Ayer en la tarde compartía unos match de box (xbox) con un amigo y me contó, que en su casa estaban penando (no peneando, no es weko). Según él, se escuchan pasos y sonidos de objetos caer al suelo, donde no había nadie más que él , el aire y el supuesto espíritu que lo wevea. Yo no soy muy creyente de nada fuera de lo objetivamente probable, pero si me han pasado varias cosas durante mi vida que me han hecho pensar que posiblemente existan más cosas entre el cielo y la tierra, de las que nuestra imaginación pueda crear. (Eso se lo robe a shakespeare).
La primera de esta serie de historias que narraré, es la que sigue.
Hace ya muchos años estábamos un primo y yo en casa de una tía solterona de este. Yo, como buen amigo, lo acompañe a una de las experiencias más lateras de la vida, el visitar a una tía vieja que se sentía sola. La vieja que tenía más gatos en la casa que años de vida, nos esperaba con unas abundantes onces a cambio de nuestra compañía y de escucharle sin bostezar los relatos más movidos de su vida. He de confesarles que algunas de las historias contadas por esta señora eran notables y otras eran tan malas como un guión de teleserie latinoamericana.
Durante unas de las visitas, estábamos con mi primo viendo tele, mientras la tía estaba en la cocina preparando las golosinas para sobornar nuestra compañía, tal cuento de los hermanos Grimm. Cuando de la escalera de la antigua casa, baja una señora bastante vieja, pero de sonrisa amable, que nos dice, "como están niños, yo voy y vuelvo" y sale por la puerta principal de la casa.
Puta!!!!!, dijimos nosotros, lo que nos faltaba otra vieja que nos cuente wevadas.
Pero no fue así, ella no se sentó a la mesa a tomar té. Tampoco llego después. Y cuando era hora de irnos, le dijimos a la tía, que la señora que anunció su pronta vuelta, no llegaba, y si eso era normal. La tía en ese minuto, nos dio una mirada que nunca le habíamos visto. Una mirada joven, misteriosa y nos dice: - Qué señora??
- Una señora de pelo blanco azulado, que bajo del segundo piso y dijo que volvía enseguida. Pensamos que sabía que estaba aquí tía.
- Vengo enseguida, no se muevan, Y subiendo las escaleras con una energía que no le habíamos visto nunca, regreso en un santiamén con una foto. – Ella es la señora?, nos pregunta mostrándonos una foto en blanco y negro, en un marco de plata. Y efectivamente era la señora, un poco más joven en la fotografía, pero definitivamente era ella. – Es ella si o no??, nos pregunto ya con voz más dura, -Si, le dijimos, es ella.- Gracias a Dios!!!, dice. – Que pasa tía, dice mi primo. – Es que, no estoy loca, ustedes también la vieron. – Ahí nosotros pensábamos que la vieja se volvió realmente loca. No entendíamos un carajo. - La de la fotografía, es mi madre que falleció hace ya más de 20 años. Y desde hace un par de años me visita y me habla todos los días.
La primera de esta serie de historias que narraré, es la que sigue.
Hace ya muchos años estábamos un primo y yo en casa de una tía solterona de este. Yo, como buen amigo, lo acompañe a una de las experiencias más lateras de la vida, el visitar a una tía vieja que se sentía sola. La vieja que tenía más gatos en la casa que años de vida, nos esperaba con unas abundantes onces a cambio de nuestra compañía y de escucharle sin bostezar los relatos más movidos de su vida. He de confesarles que algunas de las historias contadas por esta señora eran notables y otras eran tan malas como un guión de teleserie latinoamericana.
Durante unas de las visitas, estábamos con mi primo viendo tele, mientras la tía estaba en la cocina preparando las golosinas para sobornar nuestra compañía, tal cuento de los hermanos Grimm. Cuando de la escalera de la antigua casa, baja una señora bastante vieja, pero de sonrisa amable, que nos dice, "como están niños, yo voy y vuelvo" y sale por la puerta principal de la casa.
Puta!!!!!, dijimos nosotros, lo que nos faltaba otra vieja que nos cuente wevadas.
Pero no fue así, ella no se sentó a la mesa a tomar té. Tampoco llego después. Y cuando era hora de irnos, le dijimos a la tía, que la señora que anunció su pronta vuelta, no llegaba, y si eso era normal. La tía en ese minuto, nos dio una mirada que nunca le habíamos visto. Una mirada joven, misteriosa y nos dice: - Qué señora??
- Una señora de pelo blanco azulado, que bajo del segundo piso y dijo que volvía enseguida. Pensamos que sabía que estaba aquí tía.
- Vengo enseguida, no se muevan, Y subiendo las escaleras con una energía que no le habíamos visto nunca, regreso en un santiamén con una foto. – Ella es la señora?, nos pregunta mostrándonos una foto en blanco y negro, en un marco de plata. Y efectivamente era la señora, un poco más joven en la fotografía, pero definitivamente era ella. – Es ella si o no??, nos pregunto ya con voz más dura, -Si, le dijimos, es ella.- Gracias a Dios!!!, dice. – Que pasa tía, dice mi primo. – Es que, no estoy loca, ustedes también la vieron. – Ahí nosotros pensábamos que la vieja se volvió realmente loca. No entendíamos un carajo. - La de la fotografía, es mi madre que falleció hace ya más de 20 años. Y desde hace un par de años me visita y me habla todos los días.
Ahí un escalofrío cruzo nuestra espalda, no solo queríamos salir cagando de la casa, sino que la vieja nos dio más miedo que nunca. Cuando llegamos a nuestros hogares nadie nos creyó, pensaban que inventabamos wevadas, sobre todo mi primo, bajo el pretexto de sacarse el cacho de la visita a la tía. Pero yo estuve ahi. Y todo es verdad.
A las dos semanas de esta historia, la tía falleció.
Cuentan los que la encontraron muerta, que murió sentada en la mesa del comedor, con comida y cubiertos para dos personas y con su mano derecha aferrada a la foto de su madre en el marco de plata.