
Los que han seguido mis historias sabrán que cuando pendejo fui al siquiatra por problemas de conducta en el colegio.
Lo que aun no he narrado, fueron los motivos más crudos y causales de varias sesiones con sicoanalistas y weones de esa índole. Una de esas anécdotas fue una broma que le hice a un vecinito de 5 años cuando yo solo tenía 7.
Mi perro en aquel entonces, un bóxer llamado Jacques cagaba por todos lados. En el patio, arriba de la cama de la nana, los sillones, en la cocina, etc, etc. Y yo estaba al lado de él todo el día. A veces cagábamos juntos y otras veces por separado. Un día, Jacques, hizo una obra surrealista. Cago un mojón en forma de choclo. Así como lo leen. (si fuésemos gringos habríamos sido millonarios) Una coronta de choclo perfecta. Lógicamente de mierda y no del nutritivo fruto. Dentro de mi mentalidad de niño me pareció increíble el hecho de que mi perro defecara figuras reconocibles. Fui donde mi mamá a contarle lo que había hecho mi perro pero no me infló para nada. La nana tampoco me dio bola por lo que solo me quedaba mi vecino. Benito.
Benito era el típico pendejo que se crio en la calle del barrio, siempre sorbiéndose los mocos y con las manos negras de mugre. Pasaba de casa en casa como un ratón de campo. Su familia muy sui generis tenia la filosofía de que el pendejo se criaba por su cuenta. Su vida era como un reality de TVN. Participaba de todos los cumpleaños del barrio y también en las peleas familiares. Decían por ahí que había sorprendido a unos vecinos tirando, ya que entraba a las casas como un patrón de fundo.
Al encontrarlo le comente que mi perro cagaba comida y no me creyó. Me trato de “mentiroso” wea que siempre me ha disgustado y le dije perfecto te lo voy a demostrar. Espérame aquí. Corriendo a buscar la prueba fidedigna cache que en realidad no era un choclo lo que había obrado mi perro, sino un simple mojón. Así que antes de ir a retirar la escultura, pase a la cocina en busca de 2 pinchoclos y un plato. Recogí el pedazo de caca y lo adorne con los utensilios de menaje y se lo lleve a Benito.
Al ver el plato, Benito compartió en parte mi imaginación y reconoció el parecido indiscutible. Y con un toque de oscuridad de mi parte lo incité a cambio mi auto Matchbox a darle una mascada. Al principio Benito dudo. Pero después de un corto proceso de convencimiento y el autito de por medio, Benito mascaba el mojón de mi perro.

Pero como en la vida nada es perfecto y el mal a veces paga, una vieja bisagra de la casa en frente vio todo. La vieja salió de su casa gritando a todo pulmón, para que Benito escupiera el trozo de mierda. Entre tanto escándalo casi toda la cuadra incluyendo mi mamá trataban de hacer escupir y vomitar a Benito. Yo creo que si hubiesen podido me habrían linchado en la plaza. Ya me veía en plena calle el Bosque con Pocuro, ahorcado de manera pública a vista y paciencia de todos. Pero solo fueron algunas horas de sicólogo.