
Un día lo escuche hablando con mis papás. El lloraba amargamente. Mis padres trataban de consolarlo. Después de más de 75 años dedicados a la fé , él tenía temor a la muerte. Es lógico pensar que alguien con esa cantidad de años tenga miedo a morir. La revelación, fue que después de que mi madre le dijese algo alentador, él responde: “no tengo miedo a la muerte en sí. Sino a lo que sigue. Tengo miedo a haber perdido toda mi vida en algo que no existe”. Mis viejos guardaron silencio.
Nunca me he confesado, a las iglesias entro por su arte y por actos sociales.